Cánon tributario

Puedes ser original

en un chasquido ingenioso;

el enredo caprichoso

por un modismo casual

o una locución vital

en libertad pretendida,

la tarea contenida

en trabalenguados verbos

de un coro, escuela de cuervos,

que te da la bienvenida.



El impávido esperpento

interrumpe sin prejuicio

la mecánica en su oficio

de paralelo sustento,

inocuo pero irredento,

falaz para el enunciado

en un concepto usurpado

al giro de una saeta

que en una hora completa

se desenvuelve al dictado.





El prefijo viene impuesto

en un código de barras

que no en fígaros y larras.

Despacho de un presupuesto

pasivo por descompuesto

en trámites rutinarios.

Gramaticales viarios

en un esmero ruinoso,

retraído y dadivoso,

con los clientes diarios.



Suma y sigue en tus bravatas

alunado molinete

tu pasión de matasiete

baturrilla ideas baratas,

ginebra con matarratas,

en columna de opinión

que un filósofo simplón

conjetura en magnitudes

a bulto de multitudes

azuzadas en legión.



Cabalísticas tramoyas

sin penetrar en materia,

suave y decorosa histeria

de susceptibles bambollas.

Peleles cagalaollas

sirven como dominguillos

en una danza de pillos.

Ese palco para ellos

que yo quiero en mis destellos,

libre, una canción de grillos.

Comentarios

ybris ha dicho que…
Vaya colección de décimas, Kike.
Eres genial.
Es lo malo de ser clientes diarios, que, una vez que te han cogido, te convierten en código de barras y te leen cada vez que les pete.
Es que lo de algunos es pagar.
Lo de otros, por lo visto, son las cuentas en Suiza sin código de barras.

Un abrazo
Amparo ha dicho que…
Cualquier día tendremos que pagar por mencionar cada nombre. Y tendremos que callarnos.

Muy acerado y veraz, como siempre, un abrazo
Miquel ha dicho que…
Muy bien ¡¡¡

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