martes, 17 de mayo de 2011

Nos vemos por ahí.

Supuse que mi alma en venta
tendría ningún valor
y comprobé craso error
que por salirme la cuenta
tan solo un euro cincuenta
pude sacar por su peso,
con ella hice un caldo espeso
que amalgamara razones
y entre estas y otras cuesrtiones
volví a hacer hilo en el hueso.

Adiós que esto se termina
que ya no tengo más ganas
de santos ni de peanas,
ni de oler a parafina
enclaustrado en lo que opina
quien por gusto se encadena
a una fingida condena
de sortilegios y sombras
de ácaros en las alfombras
y brujas de luna llena.

Voy, vengo, y me llamo andanas,
triquiñuelista en refranes,
satíricos ganapanes
que en una orquesta de ranas
entre ceres y dianas
se disipan tierra adentro,
en nada y nadie me encuentro
ni participo en coloquios
sino en absurdos cronopios
de las márgenes al centro.

Nos veremos por ahí,
o no, que no importa, acaso,
 en el filo del fracaso
se instala siempre por mí
la imagen y es baladí
una pretensión distinta
e igual me da cuando pinta
nublado o una luz clara
figuraciones  repara
en  cinemática cinta.

martes, 10 de mayo de 2011

Clarividencia. A Ruth Domínguez.

Se cuenta entre esa nómina de locos


-expertos en humanos intereses-

que escriben en ligeros sirventeses

arreglos de acertados tontilocos.

Trasmuta sus conscientes comecocos

que encuentra en esta senda de cipreses

y enfrenta sin licencia los reveses

causados por ayunos “marimocos”.

Discurre entre tañidos populares

las cuitas de aserrín y calabaza

que anidan en zozobras de lagares.

Medita en un trajín de pan de hogaza,

lumínica visión de verdemares,

abierta a un horizonte de melaza.

viernes, 6 de mayo de 2011

Lucido son.

Despierto esta noche de añiles asiduos


espíritus claros sin ceremoniales,

potencias distintas a las numerales,

las que se contemplan en los individuos

que a la inteligencia se muestran asiduos,

los que son en cuenta gastos marginales,

gentes que en la vida se instalan leales

en la resistencia de ingratos residuos.

Sombras residentes en lunas menguantes

con la viva gana de un gato en penumbra

que arrastra al exceso a los diletantes,

en la paradoja a lo que se acostumbra

y se escandaliza, o no, a los biempensantes,

fieles de la nada que un vacío alumbra.