A Pedro Atienza. Mi hermano en letras. En su memoria.


No sé cómo decirte adiós amigo,
no voy a retratarte porque dueles;
ahora que es la hora de laureles
y ayer de despojarte del abrigo.
Dirán los que se miran el ombligo
y siguen atorados en sus pieles
de antaño de conventos y cuarteles:
“Igual muere el poeta que el mendigo”
Tus póstumas palabras, las postreras,
al santo pecador de los suicidas
te absuelven por fandangos y mineras.
Al polvo en esta tierra de deicidas
en duelo de gitanas canasteras
a un gato de Alcalá y sus siete vidas.

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