martes, 11 de febrero de 2014

Los filósofos y el memo.

La hierática justicia
diz que se nos muestra ciega
más ve y con nosotros juega
y al de siempre beneficia.
Quien la ley hace la astucia
en su favor se prepara
y con la trampa dispara
el popular descontento
después llegará el lamento
que cuando empieza no para.

Especulaba Simplicio
sus postulados a voces
maltratando con atroces
gritos a los de su oficio.
-Disculpe electo patricio,
dijo en tono paternal
un filósofo rival,
le creo si usted lo dice
mas ni afirma ni desdice
ni escapa de lo normal

Zenón.

-Ni Aquiles ni la tortuga
llegan a alcanzar la meta.
-¡Eso es hacer la puñeta!
-¡Ese es el punto de fuga!
-Quien duerme poco madruga.
-Paradójico. -Lo sé.
-Existe aun si no se ve.
-Será, pienso, indigestión
tantas vueltas a Zenón...
si yo anoche no cené.
A la décima le tengo
como al vino devoción
y a pesar de la pasión
de ambos dos camino rengo.
yo que no soy de abolengo
ni tengo de l¡terato
sino las mañas del gato
que se va haciendo mayor
sin más derechos de autor
que los de pasar el rato.

-Son el hombre y su mirada
medida del Universo.
-Disculpe si tergiverso
su mensaje. -Para nada.
-Muy amable. -Más me agrada.
-Visto así... -Observe. -¡Un prisma!
-La verdad lo es en si misma.
-Eso de principio a fin.
-Se terminó colorín
colorado este sofisma.

Pitágoras.

-El número áureo brilla
en su medida perfecta.
-Diga ¿y? ¿eso? ¡Qué me afecta!
-Lo explico en forma sencilla.
-¡Albricias! ¡qué maravilla!
y ¿usted para qué lo usa?
-Para hallar la hipotenusa
conocidos los catetos.
-¿sabes chistes de paletos?
¡cuéntalos! ¡Qué no hay excusas!


-Es agua todo sujeto
y todo aquello que existe.
-¿Agua y no vino? ¡Qué triste!
-Atienda y tenga respeto,
yo soy Tales de Mileto.
-Y yo fulano de Tal.
-Quien sea usted me da igual.
-Vale, pero yo prefiero el vino.
-¿Otra vez? ¡Qué desatino!
-¡Vaya! ¡Se escucha fatal!

-¡Menuda  conversación!
-Es sólo un micro poema
-Lo que es, una pamema.
-¡Pues anda que tu teorema!
-De la relatividad.
-Mejor...de la ambigüedad.
-¡Muchacho tú eres un memo.
-Y tendrás razón me temo.
-Es lo que tiene la edad.

-¿Ya?
-¡Sé!
-¿Qué?
-¡Va!
-¡Ah!
-¿Si?
-¡Di!
-¡No!
-¡Oh!
-¡¿Ji?!





-Llueve y llueve y llueve más
y ¡qué de llover no deja!
-¡Agua va! -¡Vaya sin queja!
Si llueve te mojarás.
-¿Está lloviendo y te vas?
-Para comprobar que llueve.
-Lo que es a mí no me mueve
nadie hoy de este sillón.
-Arranca gato llorón
que van a darnos las nueve.

Del color que da al asfalto
el sol tras la lluvia fina,
arco iris de bencina,
se nubla este sobresalto.
Un discurrir de contralto
en el tráfico se encalla
disolviéndose canalla
en vahos de urbanidad.
El alma de la ciudad

no escucha su voz ni calla.
He de preguntarme ¿dónde la belleza?
¿dónde lo perfecto si no es desvarío?
sé que no la encuentro que busco en baldío
y es tan aburrido que me da pereza.
Podría asombrarme la luz del estío
o el pálido halo plomizo de invierno
en la iridiscencia de un cosmos eterno
y en las hojas secas que naufraga el río.
Si allá donde miro el mundo es infierno
y la sangre escuece de moscas y ruinas
hay nuevos esclavos muriendo en las minas
y seca la tierra su vientre materno.
Del gracioso vuelo de las golondrinas
en nidos graciosos de amantes aleros
y en el trino amable y rural de jilgueros
las manos cansadas de las campesinas.
Y allá donde miro veo prisioneros
cadenas que atan y hierros que hieren,
hombres y mujeres y niños que mueren
y ocupan segundos en los noticieros.
No quiero hermosuras que a mis ojos dieren
falsas esperanzas ni engaños febriles
cuando hay tantas guerras donde sufren miles
Y unos pocos ganan que eso es lo que quieren.
Yo tan solo puedo apagar los candiles
Y cerrar mis ojos y hacer que no pasa
aquello que he visto y encerrarme en casa
que hay pocas palabras y muchos fusiles.

jueves, 6 de febrero de 2014





La soledad  tiene nombre de persona,
de tributo que se paga en contenidos
si acogimos por derecho los pasajes
que tasamos como nuestros,  y de frente
nos derrama una  zozobra que no avisa,
aherrojada  en suaves círculos de ausencia
de ella misma,  por capricho, fatigada
en nuestra carne rendida   y  displicente
por la espera  que  reside en el silencio,
nada dicta,   se  comprime y contamina
cuando  hiere sin cansarse y te tritura
en sus manos de alquitrán y explicaciones.
Estremece en sus  tormentos.  Los supone
y  te quiebra a voluntad  sin tu permiso.




La soledad  tiene nombre de avenida,
de huellas que  aún se callan y se niegan
por encima,  en un descuido que resbala
del  momento más perenne y repetido
al hilo de las crónicas reincidentes,
en un reloj de arena y autonomía
calado de pasión  y  comentarios.
Estipendio de las cuentas obstinadas.
Clausura los extremos aturdidos
en barras de jabón y humo de incienso
a la espera de vigilias y  sermones
que disientan  del instante y sus  dominios.
En torno a ese proyecto en  los espacios
por falta de palabras más precisas.



La soledad tiene nombre de océano,
inaccesible  llanura de tormentas,
de retiro persistente y aceptado
en murallas con fronteras  al castigo.
Explanada de batallas concluidas
en un rapto de común resentimiento
destemplado en un arrojo de vergüenza
por lo mucho que se pierde sin sentido.
De imprudente irreverencia luminosa
que se inventa en todo lujo de detalles
sin conciencia de sí misma en la amargura
cuando pasa sin rozarse y paralela.
En un viento  que  sosiega el horizonte
suspendido en la certeza de la roca.




La soledad siempre tiene nombre propio
de betunes y de botas amarillas
embarradas en  el vals de los recuerdos,
monograma y singular abreviatura.
Por contraste en los extremos permitidos
quien conforme se sitúa en sus estancias
da respuesta a su conflicto de insurrecto
con la lógica común de lo remoto.
Tiene nombre ordinario y recurrente
de emoción que es prorrogada en la carencia
de  supuestos y de  ambiguos desempeños
 que disponen en  virtud a los mortales.
Es la  próxima advertencia en lo lejano

y esa oscura claridad que condiciona.