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Mostrando entradas de mayo, 2008

LLega el circo.

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Llega el circo sobre el asfalto mojado en una cabalgata de motores cansados de cauchos y alquitranes: Llega el circo en sus cajas de lata y poliestireno expandido; los leones cariacontecidos sueñan con gacelas y risas de hienas asustadizas. Los tristes tigres desrayados dormitan apáticos en sus cubículos de tres por cuatro. Los contorsionistas adoptan posturas de goma y alambre. Una mona chillona vestida de colegiala enseña a sumar a dos papagayos gruñones. Galopa un caballo con la volátil amazona de pies amarillos. El malabarista imagina una rueda de globos brillantes en las caras asombradas de los niños. Llega el circo con sus sueños ingenuos en un mundo de realidades obtusas. El ilusionista sagaz e ingenioso recibe el aplauso que escucha invisible. El equilibrista pasa mil apuros que aunque está delgado tiene mucha hambre. Se dispara sobre una diana de indolencia el hombre bala mientras ríen las pulgas saltarinas. Una domadora de perros salchicha y una

Alegres payasos. Hermanos Tonetti.

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¿Qué tristes pensamientos Carablanca se esconden tras tu faz siempre gozosa? ¿Eterno carialegre es tan llorosa el alma y la condena que te estanca? Y tú que entre los niños -risa airosa- ayer con tus arenques hilarantes -la pista del gran Atlas- trashumantes, lozanas sardinas , pesca jocosa. La lona es todo un cosmos de tirantes y vías que convergen en el cielo, los ojos asombrados de un chicuelo, infinitas figuras inflamantes. Era un tiempo más turbio y con más hielo de silencios y sálvese quien pueda, de oración por decreto y almoneda, de secretos de armario y terciopelo. De adoquines y mayo en la alameda. De raciones y flechas remangadas. De seiscientos y voces silenciadas. Era un tiempo y ahora ¿qué nos queda? Dos payasos que a inmensas carcajadas contra el hambre y el miedo, el infortunio, como un rayo de luz del mes de junio proscribían la angustia a bofetadas.

Zapatos de clown; a Charlie Rivel.

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Paródico artesano sin cosquillas en un llanto vital de zapatones, surreal arquitecto de ilusiones, saltimbanqui de sol, guitarra y sillas. Mi querido payaso, a pies juntillas, en el Price de ayer, pulcras visiones, sin palabras y en mudos coscorrones el pálido dolor de tus mejillas. Sorpresivo bufón tirititero, luminoso fantoche de la broma, en tu risa impaciencia de jilguero. Hoy que el Mundo anda enfermo de glaucoma y huérfano de ti, festivo Homero, sanara de sus males en tu idioma. A mi admirado Charlie Rivel.

Va por vosotr@s

Ybris: Sólo se fracasa cuando no se lucha. La ofensiva es mucha y la fuerza escasa. Mi reloj atrasa, épocas y eras, trama primaveras de una media legua. Nunca pido tregua ni cavo trincheras. Cuestas empinadas siempre para el pobre, monedas de cobre, vino y empanadas, parvas y tonadas. Gastados pellejos, aperos, trebejos, virus e hipotecas y el sacamantecas que atraviesa espejos. Merce: Cambio tu sonrisa por dos caramelos o por tres pañuelos y alguna camisa. ¿Me prestas tu risa? que ya me hace falta, liebre eres que salta muros y bardales, chumberas, zarzales y torres asalta. De bronce y estaño, de cristal de roca, filósofa loca del verbo de antaño, sube otro peldaño con Buda y Platón, Descartes, Zenón, La única esencia es la contingencia de un gato marrón. Génesis. Serás Robespierre si vas sin cabeza lo sé con certeza. don Erre que Erre, como hizo Daguerre,

Otro adiós.

En cada intercambio cosecho un fracaso, una bancarrota y me desmorono como cae la bolsa, fácil, sin encono, tan indiferente me asigno un traspaso. Rematadas eras para un garcilaso, hoy son las hazañas gestas de interfono, proezas bancarias, y yo, no me abono, sigo con mis galas de clown, de payaso. Un tonto solemne se aúpa en la escala, seduce a Artemisa el fatuo Polonio, urbaniza el bosque la acrítica pala. Yo que busco el oro del rey Argantonio, tuerto de dos ojos a la funerala, soy, considerado, un archidemonio.

Ahora, imitando, mal, a Sabina,

Ahora que ya son casi las dos ni quiero ir a dormir ni tengo sueño: y atino a darle vueltas a mi aire al cortex cerebral o sea a los sesos. Y tanta gira bola me provoca pensar que pinto yo, así, en el medio, en este instante, aquí, sobre la silla, plantado como en isla un cocotero. Quizá fuera oportuno darle al coco un rato de descanso como premio, accésit en la cálida almohada, y deje que discurra el universo. Ahora que me aburro y pinto cruces de malta y calatrava con los dedos, en una servilleta de papel, cerrando las orejas me hago el sueco. Ahora que repienso los teoremas y no puedo sumar sino unos ceros en un lenguaje estúpido y binario que escapa a mi atención y en nada entiendo. Ahora que ya llevo media hora buscando un elevado pensamiento, descubro que no pasan por mi mente, están, como verán, a ras del suelo. Ahora que no encuentro explicaciones, ni un método o sistema verdadero, ni acabo de dormirme o despertarme, termino esta pamema y hasta luego.

Romance para el rabel.

¿A donde va el caballero? ¿donde a su caballo guía? Por esos parajes tristes llenos de melancolía. Por esas viejas montañas donde ha de arriesgar la vida. Por esos toscos caminos En una marcha infinita. “Voy en busca de mi amada que un Dragón la retenía, se la llevó de palacio entre sus garras malditas y yo juré por San Jorge que a por ella llegaría Llevo armadura de hierro y un fuego que me crepita de los pies a la cabeza que el alma en dos me partía. No me importa de los montes ni el agua o la nieve fría. Ni el fuego de los infiernos que en aquella cueva habita. Traigo una espada que hiere como la hoz a la espiga. Una ballesta que alcanza desde Córdoba a Sevilla.” Ya se marcha el caballero por donde otros solían. Encomiéndese a los cielos A Dios y Santa María que aquellos que lo intentaron dejaron allí la vida.

Como un tornillo sin fin o la falta de un tornillo.

Mentiras y paradojas, inconsistentes reparos, estúpidos desamparos, escritos en letras rojas. Hay que ver que bien despojas de razón el nuevo día. Yo a este arrullo respondía en reflejo de tu ausencia es pobre la equivalencia mas es lo que yo tenía. De un tono gris, torpe acero, como de faca campera que a borbotones hiriera de un brote intenso, aguacero de sangre, tintando, el cuero. ¿cuántos clavos me sujetan? ¿los diablos que me retan? ¿otras envidias me atrapan? mil y una noche se escapan y otras mil y dos me espetan. No admito finales tristes, ni vanas caligrafías, convenios ni villanías, ni simulados despistes. Sé bien por que no desistes; y como se transfigura la sordidez en locura, la noche en hilos del alba, la simiente en la flor malva y una vida en sepultura. Son aspectos sintomáticos, en un combate ancestral que arrastra del bien al mal, hipos ahogados y asmáticos intereses alopáticos sobre si un dolor de muelas o un rastro de parihuelas, acarreando despojos, que en un t

Negación en La mayor.

No es sólo la distancia hasta el ocaso Ni el número de veces que te arriesgas Ni el vago devenir de los rescoldos Ni el ciego centelleo en las espuelas. No el límite formal de algún conjuro ni el rostro de una tarde de comedia Ni el falso despertar de los sentidos Ni el tosco aparecer de las monedas. No es práctico el discurso de las liebres Ni es tópico el camino de prebendas Ni es justa la inquietud de los distantes Ni es lícita la súplica auto impuesta. No es cómodo sentirse desplazado Ni es fácil entenderse en la miseria Ni es íntegro dormirse en lo corriente Ni es tácito el silencio que libera. No importa parecer o sugerirse Ni afectan los fantasmas con dislexia Ni adoptan polimórficas estrofas Ni esconden correturnos sin respuesta. No atrapa el escozor de los desdenes Ni enlazan sarpullidos en cadena Ni inducen indiscretas comezones Ni aplacan soporíferas sentencias. No empeña lo que no puede tocarse Ni apunta

Décimas en el patio de los filósofos.

Sueño, bajo un cielo abierto, una paz de aves cantoras, urracas historiadoras y palomas en concierto; Sueño sí, y estoy despierto: Contrapunto y anaclusa. Ya mi tristeza es conclusa sobre el ladrillo y la piedra. En la enmarañada hiedra un mirlo canta su excusa. Polirrítmicos zureos, réquiem de un tiempo difunto, es armónico el conjunto de color, ruido, y deseo, vuelo, danza y contoneo, sobre el ciprés y el abeto. Alma ven que te sujeto sin sarcasmo en la emoción. En barbecho mi pasión y, así mismo, yo un objeto. En la raquítica antena cinco músicos de luto con su piar diminuto de tiempo, polvo y arena, no alejan, rasgan la pena en un canto variopinto; aun igual, sin ser distinto, es el dolor del los días quejas, sed, melancolías, todo en el mismo recinto. Buscarían el amor en puertas que se cerraron jaulas que se levantaron de inseparable dolor, y amargo, alegre licor, reja, candado y cerrojo, atildado

catálogo de disparates.

Le doy curso a un pensamiento positivo de un caudal de experiencias optimistas obtenidas de almanaques y revistas: un catálogo impreciso y subjuntivo. Mi registro de interés interactivo, como enjambre de libélulas juerguistas, perfumado de bullicio de coristas en la víspera de un sábado festivo. Satisfechos caminantes casi al pairo, bronceados a la luz de las farolas. Novelistas fabulosos en El Cairo, asesinos sin metralla y sin pistolas. Visionarios portentosos como Jairo que se apuntan al azar tres carambolas.