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Mostrando entradas de 2007

Décimas antiguas.

Teniendo fe se es más fuerte; nada acompleja en la vida aunque se sepa perdida que todos llega la suerte de la hora de la muerte. Nada importan los caudales ni si uno vistió retales sino lo que hizo y dijo; se nos ha de juzgar, fijo, por nuestras obras mortales. Hasta el día de morirnos mucho hemos de aprender; no te lo quieras perder que hasta el momento de irnos al mundo habremos de abrirnos y ganarnos el sustento; adquirir conocimiento y la verdad perseguir, ya nos tocará partir; vivamos con gran contento. Perderán tiempo y compás a quienes pueda la ira o su hipócrita mentira tirando siempre hacia atrás; ¿es así, tú me dirás? Si acaso un mal se desea al prójimo, lo que sea, en ti propio se refleja y es enfermedad que deja dolor, y además marea. La propia casa en amor, un corazón verdadero y un sentimiento sincero vencen a cualquier dolor, viéndose de otro color los problemas y los males si verdes son los cristales y mutua la confianza cuando el fiel de la balanza tiene sus brazos

Sueños, ilusiones y engaños.

Un sueño, desengaño de ilusiones, quimérico reducto del ocaso, bramido enmascarado de payaso, descarte alucinado en mis ficciones. Un sueño perseguido en proporciones simétricas que encuentro en cada vaso, amargo de placer, de vino escaso, delirio incongruente de emociones. Un sueño que he fingido en lo imposible y oculto en una niebla subjetiva; mi propia desvergüenza incorregible. Un sueño me sorprende y me deriva, en un globo de helio, dirigible, hacia una realidad introspectiva.

Utópica urbanidad.

He sido una unidad en la mixtura, metálica emulsión cosmopolita, de un mundo que una raza habita: Utópica y plural flor de locura. Da forma a la razón sin impostura. Acierta, aun derrotada, si palpita la llama de su apuesta pues crepita; disolviéndose en el humo su armadura. He transferido su paz a mis lugares ajustando la cuenta al resultado: compraventa de amor en lupanares. Creaciones de un genio realquilado, en el verbo aprensivo, sin altares de algodón o alabastro cincelado.

Pausas y licencias.

Tomé el vino de tus labios rojos en la espléndida tarde incombustible, bajo el sol aterido del invierno con un beso fugaz, vibrante y triste. Enredé en los espacios y las sombras entre abrazos de arena y tus mohines; presencié, azabache, mi aislamiento de este antiguo pesar que se repite. Derroté en mis trastornos la manía, acertada a vencer por lo terrible. Disfruté en una pausa malograda tu altanero rubor que hoy me persigue . Sometí mi razón a tus caprichos cotidianos y espesos, siendo firme, solo encuentro aparejos destrozados y un paisaje lunar: mis cicatrices.

Un caso para un detective.

Silbaba el matemático romances de Arlequín y el viejo catedrático peinaba un peluquín, el caso es muy dramático dijera el inspector: no me parece estético que a un pobre profesor con cianuro sintético le causen tal dolor. Argumento mayúsculo, resultan sospechosos personajes de músculo y algunos poderosos. No habrá un lío minúsculo. -Pregúnteme caballero que yo le responderé mando aquí soy el primero. Por la posición se ve que esto ha sido un accidente. ¿Y qué quiere que le diga? pasan aunque no es corriente. Que el trabajo tiene miga y se le ha de hincar el diente. -Señor yo no he preguntado -Otra vez se adelantó -Este bobo la ha pifiado -El pastel se descubrió. -Detendré esta vez mi enfado. La investigación es mía mientras aclaro el asunto que yo soy el policía y usted puede ser presunto autor, hoy ya no es su día.

Intentos fallidos, la risa.

El trueno es bramido que escapa a la risa de Zeus tonante, el viejo rijoso, gruñido de fiera o abrazo de oso; la llave que guarda el vino de misa. "Me troncho, me parto, soy el más chistoso": dijo un humorista ayer por la tele, yo lo estaba viendo y me dio un telele, este tío tiene la gracia en el foso. A mi me hace chiste si veo un pelele de trapo o de hule pero con sombrero y camisa roja, se me ve el plumero, me gusta la rubia con el ukelele. Yo muero de risa cuando en mi agujero, covacha o taberna, apurando un vaso de dulce embriaguez cuento cada caso que siendo poeta soy un embustero.

Disparates de juntaversos.

¿Queréis que recite yo? ¿Y si no se declamar? ¿No me iréis a regañar si no me sale la voz? Poetas que viajáis entre las nubes al son de liras y otros instrumentos cuidad que en cada curva de los vientos están poniendo multas los querubes. La cuenta de los puntos no la subes si pierdes el control de los momentos y a ver con que funestos argumentos te enfrentas al señor de los murubes. ¿Y que tendrán que ver los toros bravos en esta circular de los aedos? será por no tener quietos los dedos. Pues ya que se quemó ayer el Parnaso dejo mis patochadas y a este paso sacaré mi martillo y a otros clavos.

Antecedentes.

Compongo en cada amor una tragedia escénica y locuaz desde mi estado; al cabo ¿qué es vivir equivocado? un acto en la mitad de la comedia. Siquiera la palabra lo remedia brotando, y me sorprende fatigado; tampoco me entristezco ni me enfado es sólo esta apatía que me asedia. Si no me quedan sueños ¿qué me espera? errar y someterme a los anhelos de un vano argumental que me supera. Atento a la evasión de mis recelos proyecto la congoja a mi manera y acabo de una vez con los desvelos.

Catarsis, entre la luz y la oscuridad.

Alma que caminas por forzadas sendas ¿sabes por qué ríen las viejas gaviotas? ¿cómo vive un ave con las alas rotas? ¿Gastas las palabras, deshilachas vendas? Disputas, fracasas, trituras contiendas. Cantas tu victoria en frases remotas cuando se percibe ventura en tus notas. Llegado el momento, es hora que aprendas. Alcanzas la altura y vuelta al enredo, traspasas errores que a un tiempo te indultan transitando estrofas que escapan del miedo. Tus juegos traviesos al orgullo insultan; son tus mecanismos enlace al remedo, puntadas que al juicio cadenas resultan.

Ocasiones y patrañas.

Tuviste la ocasión cara de almíbar y ahora te lamentas de tu suerte. Un gris desilusión te ata las manos con nudos intrincados que entristecen las tardes del otoño de tus huesos. Inútil sensación para que sueñes y olvides las palabras silenciadas que quieres vomitar pero no puedes. Alternas el dolor a rebanadas de amargas confituras subconscientes, zozobras que te asaltan y murmuran probables secesiones en relieve de un íntimo y osado desamparo que a tientas incompletas te mantiene. Podrás saltar por firmes pavimentos, y andar por el portal y las paredes, angostas de tus hipos y temores, suplentes de estreñidos alquileres, mas no saldrás de anclados soliloquios por medio de una fuga inconveniente. Subsistes sin que esperes nada a cambio en cárdenas fracturas de pinceles quebrándote y mermando en cada línea sumido en el silencio permaneces. Aceptas que un pretérito te absuelva dispuesto a repararte y convencerte del único acomodo q

La sonrisa del escorpión.

El gesto proclive a liar pitillos en papel de estraza y otros consumibles. La mueca perfecta sobre las escuetas e insomnes palabras; su mímica suave es la ingrata forma de un rostro olvidado. El círculo estrecha un galán de fuego por cada sonrisa de metal molido y agujas de pino y alambre de cobre y veneno. La caricatura de una ceremonia, fatal, repetida a través del ansia que expresa, insensata, la opaca parodia de un negro capricho al que nada escapa cuando está agitado su interés avaro. La trama se cierra y el entretejido trapo de colores encubre intenciones de aventar cadenas de hierro y escombro. La llama envolvente apura el espanto, y el pánico agota, y el dolor perturba todo el desaliento de sus pesadillas. El orgullo impulsa a romper los frenos que el término impiden; un mal alimenta dispuesto a estrujarse en tercas disputas. ¿Y si todo es falso? ¿si la nada es todo? ¿si algo descompones? ¿si aquello que duele sólo es una parte que se desvi

Lo perdido.

No lo hallé en el despacho de objetos perdidos. lo anduve buscando por bares, tabernas y aun oficinas, pregunté en locales de alterne tras rojas cortinas de desliz y fiebre y pudores huidos. Perdí, ya lo sabes, mis cinco sentidos, el último pétalo de una margarita y las doce espinas, la llave maestra de cien cerraduras, todas vespertinas, disipé el silencio de una madrugada en rientes ruidos. Licencié su imagen para no ubicarme en falsas jactancias, sigo y no abandono, y exploro otras voces, y otros recovecos con luz o a la sombra, indago y rastreo los bucles del nervio con la inteligencia, sin extravagancias. Persigo mi instinto de animal salvaje silbando al espectro que a solas me nombra. No ceja mi aliento en ligar principios: las piezas de un puzzle trivial, sin sustancias. Pertinaz insisto y hago malabares con llamas de hielo, así que estoy vivo, y nada me asombra.

Lo hallado.

¿Me sirve razonar? sino apetece, en este páramo de oscuras reflexiones, me basta equivocarme otras tres veces sin esperar a cambio una palabra, me basta una sonrisa sin traiciones. Un rescoldo de lágrimas y llamas que a un humo gris permanente y cálido pertenezcan sin despropósitos ni enjuagues. Soy loco sí y en mi absoluta locura disparo sin cesar mis desventuras. Envido a la torpeza más ingrata que en la abstracta memoria me retrata. Emérito verdugo de mí mismo sin nada que ofrecer entre los labios; tan sólo un pedregal y un espejismo iluso que se agranda en los resabios. Un tornillo sin fin en eje excéntrico. Histrión que se debate en la dialéctica de no esperar y andar siempre al acecho, en fin un mínimo rastrojo en el barbecho, una bacteria mortal en fosa séptica.

Incontinencias verbales.

No busco nada ni lo encuentro a mi alrededor; dejé de estar seguro de las espesas sensaciones; idólatra regurgitado del estómago de alguna invencible criatura alada y deforme. >Insensatamente convencido en las tragicómicas notas de una representación mitológica y grave, repetida y asfixiante en los recovecos de mi industriosa y replicante conmiseración. Y jamás lo convenido se recogió en las fraguas de mi remedio ni supe ni quise, ni sabré contenerme, ni enfrentarme a mis miedos estúpidos y sin sentido. Rebelde en el argumento de una ficción y de una realidad que nunca pude comprender en el latido de mis estentóreas razones, muñeco de una ilusión estrepitosa y baladí. Figura inmóvil en el teatro de los espantajos desestimados por mediocres y replicantes clones sin audacia. Terco como la sed del naufrago en medio de una mar de sal y desatino. Testarudo e incongruente en el látigo de los sarcasmos y la incomprensión. Desamado y desarmado ante los asteriscos y las señales fluorescent