Uno de tantos.

Lo consideraban un loco insensato.
Tenía cien nombres sin usar ninguno.
Era algo miope a lo inoportuno.
Te decía al paso: “cara de boniato”.
Vivía en un bajo de Prosperidad.
Calzaba zapatos del contenedor.
Usaba chalina como un gran señor.
Era – no tenía- pobreza y bondad.
Estuvo en el Ebro, rojo y anarquista.
Su saludo al Sol y a las Barricadas.
Sostenía digno todas las miradas.
No fue más que un hombre que rodó en la pista.
Le hablaba a
Las negras tormentas nunca lo vencieron.
Prisión e injusticia no lo detuvieron.
Se fue como vino, mas, del Mundo harto.
Comentarios
A veces somos más de uno los que le hablamos a la luna, pero mientras las negras tormentas no nos llevan con sus dunas y las miradas se sostienen dignas, entonces no importa ser un poco loco.
Saludos cordiales
A veces, la locura es la mayor cordura.
Un abrazo.
y es que cuán pocos pueden/podemos ostentar esa dignidad del corazón
Abrazotes
Merce
Una vida como otra cualquiera, con el mismo interés que cualquiera: vivir mientras se vive.
Abrazo
Genesis, saludos también para ti.
Noray, ser un loco significa estar despierto a una realidad distinta.
Merce y sin embargo estas personas existen.
Amparo es un ir y venir, ya sabes.