Desgarro palabras, que en mis diccionarios no caben bellezas ni estéticas raras sino sólo gritos y otras deudas caras, en días de espinas que sangran calvarios. Rujo como fiera en alternos horarios, mis íntimas quejas sólo son tararas, adorno en la cinta en sombreros aimaras que aceptan los días de sus calendarios. No es tan sólo el hecho de mi autocensura, ni que me equivoque en todos los senderos, es esta inconsciencia que no tiene cura. La querencia ésta, para ser sinceros, en el ojo tuerto de la cerradura que se encuentra a veces en los basureros.