Alcance el cielo su luz
y el concurso de los astros
para quien alguna vez
glosó al amor por encargo
y pudo sentir quizá
en palabras de Cyrano
que hizo tañer su laúd
en acordes mercenarios.

Todo por no echar a olvido

aquello que es terminado
en confusos sentimientos
que inspiran ajenos labios.
Quién no amó una decepción
e hizo nido en el fracaso
sin permiso y tan sin tregua
nunca estuvo enamorado.

Pobre del triste mortal
que no marchó de la mano
de la tristeza de amor
al jardín del desamparo
donde se funden y abrazan
la desazón con el llanto
y ese tan sentirse vivo
y tan muerto al fin y al cabo.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Muy chulo, Quique... y muy cierto y sentido, de veras que sí. Un saludo, amigo.
Anónimo ha dicho que…
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