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pastores

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Soneto, -inglés-, sin más.

Hoy la tierra brotaba de azucenas con amargo dolor por los barbechos y la carne librando sus cadenas con un hondo gemido en nuestros pechos. Alambrados los dedos a la esencia de una voz fatigada en sus semillas que nacieron mortales a conciencia para ser horizonte de gavillas. Hoy los cerros se esconden de la Luna y en los olmos anidan gavilanes, a la espera del día y su fortuna suena un cántico hilado por chamanes. El vacío es total y en su morada tenemos una plaza asegurada. Enrique Sabaté.

Ponto Euxino.

Trivial y trascendente en los espejos, de cerca un escapista a lo canalla, disponible en la próxima batalla  contra el ácido azogue en mis complejos. Hurón en esta tierra de conejos, Guzmán y Monipodio en la quincalla, que pierde y nunca tira la toalla en lucha contra todos sus manejos. Trovero tremebundo y botarate con trazas de serrín en la azotea y un bote de betún de calafate. Cabeza iluminada que desea la brújula del rumbo en el petate, y un viento de levante en cada idea. Un loco en absoluto de remate con cierta ebullición en las meninges a un punto de sibilas y de esfinges. Enrique Sabaté.

Vanitas clausus

Vanitas clausus. Mi nombre es la reserva de Poniente con título de títere consorte y en este sustantivo pierdo el norte a poco de seguiros la corriente. Me apodan malos pelos e impaciente que araño el clavecín y el pianoforte en una división después de un corte tajado en suficiencia inteligente. Mi título es nobleza y tratamiento cortés en el que nombro al ser humano y apelo a lo esencial del sentimiento. Yo soy el anagrama ciudadano escrito en un epígrafe que al viento se suma en revoltillos de verano. Bohemio y miliciano de causas que concluyen en derrota empiezo una vez más mi chirigota. Enrique Sabaté.

Al Petirrojo.

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Al Petirrojo. Maese Petirrojo no se olvide del fresco sinsabor de las empresas; las perlas de este mundo que confesas son cuartos y caudales ¿qué decide? Acceda a que el valor cuando se pide aguarda de cuantías y promesas y viene como el oro por remesas con ganas de espesuras, y divide. Tampoco hay que alarmarse que es probado que a más a más quien quiere es el progreso; modestia que en aparte se ha privado si no en las asambleas y el congreso, no piense por asomo que han burlado los prendas al común en el proceso. Liviano está y cortés el buen salvaje si funde a la modestia su coraje. Enrique Sabaté.

Barquilla pescadora.

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Irradia el viejo mar óxido amargo de lunas y limones verde y oro, divisas de una isla del tesoro que llevan a las almas al embargo. Resiste sus embates por encargo y tiene de metal sede y decoro, abiertos en la piel por cada poro que el aire y el dolor visten de largo. Barquilla de madera que varada no sale ya a esta mar que hiere al día y está sola en la orilla enajenada. No hay faro que dé luz y melodía las noches de tormenta y marejada con riesgo y en su haz sirva de guía. Enrique Sabaté.

Silva a Cocó Chanel.

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Chanel. Revuelo independiente de ayer o de anteayer, ¿a quién importa?, tan solo soy mujer de falda corta, y vuelo sin medida o referente, no sigo otra corriente, me quieren enlutada, vieja arpía, los padres, los hermanos, y apretada, y yo soy la coqueta descarada que a todos les decía: Yo soy muy sola y mía. No quiero un alfiler ni prendedores que ilustren por el paño y los anillos cucharas y chiquillos y alfombras de colores, ni estimen con cadenas mis amores. Pintar sola me pinto y digo las palabras con mi acento, fetén lo explica el viento que siga los discursos de mi instinto: un aroma distinto. Enrique Sabaté. Pintura de Marie Laurencine. ( París Octubre 31, 1883 – Junio 8, 1956) Pintora y grabadora. Esquema de rimas y estrofas. Silva ad líbitum. aBBAa-CDDcc-EFfeE-gHhGg.