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Caballero andante

Al borde del abismo, pasmarote tenaz, en el barranco del aliento te inspiras como un remo en movimiento, hiriente, voluntad de galeote. Lunático convicto, audaz coyote, intrépido león que ruge al viento. Templado paladín sin escarmiento, forzado como tú no hay matalote. Bajel que en el torrente de los pasos encuentras singladuras liberales como otros hallan posos en sus vasos Quijote, sin envidias materiales, conoces la razón de tus fracasos: remata en consonantes y vocales.

Ya dije que escribiría uno de amor. Voces que se quedan en la garganta.

Otra de esas veces que se va la voz cuando no se dice que lo que se pretende mientras que el encanto embriaga y comprende, en cómodas dudas, su acierto feroz. Es sencillamente un gusto precoz que, maravillado, en tus labios se prende con ganas profusas; y dichoso enciende con prudencia escasa este rito atroz. No pido amnistías de arena violenta, ni clavos gloriosos, ni paz que torture. La risa es mi suerte y ella me contenta. Quiero tu alboroto y un gozo que dure tanto como un rayo en eterna tormenta; y un botón de nieve que nos lo asegure.

Una sátira sin maldad. Nadas veraniegas.

Omnipresente pereza , atópica ociosidad, madre de inactividad, retrátate con largueza, permíteme la proeza de vagar hora tras hora en inercia pecadora viviendo en la somnolencia con la mayor negligencia que se pueda aquí y ahora. Otros sean diligentes mostrándose laboriosos, solícitos, virtuosos en las cosas convenientes, activos y competentes, asiduos al compromiso que yo a todo soy remiso tirado como un zapato con más calor que mi gato que busca el fresco en el piso. Sé y me consta el beneficio de la labor responsable mas no me siento culpable no aplicando el ejercicio, mi destino es otro oficio que resulte descansado; consejero delegado en un mullido sillón con sueldo, sí, de un millón que será bien empleado. Quizá lo que pido es mucho, nada que otros mil no alcancen con padrinos que los lancen arriba como a un cartucho; yo toda propuesta escucho que aun siendo un pelafustán con alma de ganapán aspiro a mis ambiciones que aporto yo soluciones, las tengo y en estas van. Grave pro...

Mañanas de sosiego

Estuve por aquí entre senderos que no llevan a nada ni hacen falta. Una pequeña línea de caléndulas en un viejo jardín abandonado. Me ata una pulsera de orgullosas campánulas dolientes y gladiolos. Oí una melodía de jilgueros humildes, virtuosos y brillantes, en juego de gorjeos y violines, amantes de una fábula inocente. Incauto, en el trapecio de mis pasos, me siento un arlequín, entre ajetreos de abejas productoras de dulzura, fervientes jornaleras de bondades, en esta placidez de la mañana.

Interpretaciones

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http://www.unpremioparamarcosana.org/ Intérprete del mar en adjetivos profundos como fosas abisales; apelas a las sílabas finales en índole de halagos posesivos. Se encuentran tus caracteres cautivos en suerte de valores esenciales sin ser ni más ni menos especiales: Comunes para el resto de los vivos. Disciernes el color de las botellas, con mensaje o sin él, tal que emisiones que no dicen porqué ni dejan huella. No dejas de imponer tus condiciones y el verso trae contigo tal querella que embarca en el error por alusiones.

Más lugares.

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Banco de piedra Todos los días inmóvil, a veces descansa en él algún viajero sin destino, yo lo veo desde donde espero que lleguen los turistas. Inconfundible y duro como los adoquines en los que se sustenta, camino y tabla cabal, termómetro del día. Solitario los días calurosos y más los fríos, sólo válido los días de otoño y primavera. A lo lejos las andanzas del cortejo nupcial. La universidad cisneriana, un sábado a las siete de la tarde, increiblemente solitaria, parece que se pusieron de acuerdo para salir del campo del objetivo de mi cámara. Los pasos buscando la sombra de la calle de los colegios, huidizos en lo que ayer fuera presidio y cuartel. Todo un símbolo de la España más negra en lo que un día y hoy son espacios del saber. No escribo versos, es verano y la galbana puede con mi inspiración.

Lugares por los que paso a diario.

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Reloj de sol Pasa la vida del hombre en el tiempo, su estación. Hoy cautiva su razón donde ayer perdiera el nombre, el adjetivo y pronombre. Sombra pueril y fugaz agua ligera en el caz. Cavila hazañas grandiosas: Ínfimas son estas cosas. La muerte es el capataz. Ladrillo y piedra Descansa tu piel viajero, tus viejos huesos cansados. Tus cabellos empapados de sol y sudor, te espero. Viandante pasajero llegado hasta este lugar Manda a tu sombra parar y escucha como silencia el barro toda presencia de tu tosco caminar. Lecciones del tiempo Hoy y ayer todo es quimera, sedentario o vagamundo, obediente o iracundo. En la enfática escalera de la solana a la era del árbol a la amapola. A la pena de una sola y errática dirección. En la nutrida ilusión de ser más que carambola. San Ignacio de Loyola en la piedra Fuente, zócalo, prefacio, cáliz de sagrada forma espada de fe y reforma de tiempo, devoción y espacio. Hoy las piedras de palacio no son lo que ayer solían, ni los rayos que traían amar...