martes, 31 de marzo de 2009

Pajarín.

Revuelve lo que queda del puchero
con los restos de ayer del microondas.
Discurre tus sonadas trapisondas
y no quemes el Sol con tu mechero.


Divierte a los ancianos con sombrero,
convídate a una tapa en las rotondas.
Las malas vibraciones nunca escondas,
ni amañes tu paciencia, artificiero.


Vigila las espinas en tu espalda,
archiva en el bolsón los cañamones,
amigo giraldillo en tu giralda.


Valiente capitán de gorriones:
arropa a tu tropilla de esmeralda
de las torpes y humanas intenciones.

sábado, 14 de marzo de 2009

Decimillas

¿Qué horas son estas, de andar divagando?
Ni hay como, ni hay cuando,
se lleva la carga, se sube la cuesta.
La ilusión sonora que apaga el silencio
me hace ser oscuro y es tal la herramienta
que manejo y arde como pozo seco.
No sigo las reglas, aunque necesarias,
para hacerlas trizas, y expresar tormentas,
dejo que la intensa exclusión me atrape,
el polvo amarillo de horror al vacío,
y sigo instalado en las mismas causas,
sintiendo lo mismo que el resto del mundo.
Caigo si tropiezo en errar primero.
Sólo es una noche más.
Los barcos zarpan de los puertos cuando duermen las sirenas.
La Luna sigue con su cara desmayada, ahora se va encogiendo.
El río baja con el agua al cuello de ranas grises con motores diesel.
la carretera nacional aparenta ser una caravana de luciérnagas infatigables que van y vienen con algún sentido que no logro descifrar.
Continúo deshaciendo palabras en oraciones subordinadas a un concepto que jamás alcanzaré a entender.
Me precipito y conjugo verbos del infinitivo a un pluscuamperfecto inmóvil marcando el número de la teleoperadora mecánica de mi portero automático.
Como sigue siendo de noche, no escribiré sobre lo que es y no es y debiera o pudiera.
Da igual, quise empezar a escribir un poema y me he confundido una vez más.
Cambio un mito y dos o tres leyendas por un politono.
La noche sigue fuera.
El día en las antípodas.

Tanta trascendencia
no cabe en mi mente,
si soy tan corriente
como mi conciencia.
No encuentro clemencia,
en quien la pregona,
desde una poltrona
de seda o de cuero,
es tan embustero
como otra persona.

Es el ser humano
de todo capaz,
ser ave rapaz
o un perfecto hermano,
humilde o villano.
Portavoz de males
y hermosos retales,
sangre, carne y hueso,
espíritu y beso.
¿Sócrates y Tales?

sábado, 7 de marzo de 2009

Luna lorquiana. En minúsculas

Luna en la noche de invierno:
Linterna aguda en las horas
que la deuda se fragmenta
y el genio se abate a solas.


Alúmbrame los caminos,
las veredas y las trochas.
En mis ciegas travesuras
sea guía tu aureola.


Sobre sarcófagos glaucos:
ambarinas caracolas
rizan mares de azul alba
en círculos de memoria.


Abrazos de incertidumbre,
que al corazón no se asoman,
llegan quebrando la piel
como un reloj gasta horas.


Luna, espejo de galanes,
disipados en las rocas.
Al límite del delirio,
Cuéntame con las gaviotas.


Advierte que un pensamiento
va rescatando la historia.
En un irritante verso
que se arranca de mil bocas.


Entre abanicos de nácar,
una brisa silenciosa,
va encendiendo el horizonte
Con el rubor de la aurora.


Un minuto de metal,
nocturno, cabalga olas
en una impresión naranja
que ata a mi lengua sus coplas.

martes, 3 de marzo de 2009

Ahora por listo

Ahora por listo, ciberpataleto,
y ni sé quitarlo ni tampoco quiero,
escribo estas letras sin otro deseo
que pasar el rato sin otro modelo.
Mas ya que me pongo, a ver si cotejo,
el crack de la bolsa y en mi monedero.
Hace un rato largo, vaya, siglos luengos.
Los humanos seres descubrieron fuego
metiéronse en cuevas y otros agujeros
y después asaron bueyes y conejos
araron las tierras, muros constuyeron,
inventaron armas que les dabal miedo,
las otras personas y los extranjeros.
Muchas cosas, mas, no me entretengo
que es larga la historia, cien siglos al menos,
del Heidelbergensis al "man" postomoderno,
y que yo lo cuente es perder el tiempo
que hay mil manuales en libros de viejo,
y además que importa, no sea que erremos,
que de ayer a hoy, hay un largo trecho,
y la de ladrones que caben por metro,
como es otra historia que no viene a cuento
les contaré el chiste de los financieros:
Dicen que era un broker, un trepa al acecho,
sabiéndolas todas, nos las dió con queso,
y ahora que la paguen los idiotas estos,
¡dime, tú, la gracia que tiene el proceso!.

Zorrilla a la muerte de Larra. Gracias a Almena.

El hambre agudizábale el ingenio.
¿Le importara al suicida literato
si se abriera un rincón aquel novato
achicando el elogio de otros genios?

El Fígaro se fue por el proscenio
en delirio de amor o en arrebato.
Paupérrimo el novel no fuera ingrato:
rompió su ayuno de más de un quinquenio.

Fue al cabo el epinicio catapulta
del joven insolvente e inspirado.
La cruel necesidad, a nadie oculta,

que sólo escapa quien es arriesgado.
¿Cometió la falta? Ya pagó la multa.
El Parnaso lo dió por indultado.


En su blog está el hecho.