lunes, 23 de noviembre de 2015

martes, 10 de noviembre de 2015

Soneto, -inglés-, sin más.


Hoy la tierra brotaba de azucenas
con amargo dolor por los barbechos
y la carne librando sus cadenas
con un hondo gemido en nuestros pechos.
Alambrados los dedos a la esencia
de una voz fatigada en sus semillas
que nacieron mortales a conciencia
para ser horizonte de gavillas.
Hoy los cerros se esconden de la Luna
y en los olmos anidan gavilanes,
a la espera del día y su fortuna
suena un cántico hilado por chamanes.
El vacío es total y en su morada
tenemos una plaza asegurada.
Enrique Sabaté.

Ponto Euxino.


Trivial y trascendente en los espejos,
de cerca un escapista a lo canalla,
disponible en la próxima batalla 
contra el ácido azogue en mis complejos.
Hurón en esta tierra de conejos,
Guzmán y Monipodio en la quincalla,
que pierde y nunca tira la toalla
en lucha contra todos sus manejos.
Trovero tremebundo y botarate
con trazas de serrín en la azotea
y un bote de betún de calafate.
Cabeza iluminada que desea
la brújula del rumbo en el petate,
y un viento de levante en cada idea.
Un loco en absoluto de remate
con cierta ebullición en las meninges
a un punto de sibilas y de esfinges.
Enrique Sabaté.

Vanitas clausus

Vanitas clausus.
Mi nombre es la reserva de Poniente
con título de títere consorte
y en este sustantivo pierdo el norte
a poco de seguiros la corriente.
Me apodan malos pelos e impaciente
que araño el clavecín y el pianoforte
en una división después de un corte
tajado en suficiencia inteligente.
Mi título es nobleza y tratamiento
cortés en el que nombro al ser humano
y apelo a lo esencial del sentimiento.
Yo soy el anagrama ciudadano
escrito en un epígrafe que al viento
se suma en revoltillos de verano.
Bohemio y miliciano
de causas que concluyen en derrota
empiezo una vez más mi chirigota.
Enrique Sabaté.