jueves, 26 de junio de 2008

Aquí no hay reversos.

Observa, todo es polvo de futuro,

estafa que al sujeto condiciona.

El dedo acusador marca y corona

el punto de inflexión que rompe el muro.


Encuentra un parteluz en el conjuro

que niega cada súplica ramplona.

La mímica de quien se desazona

por arte de la sátira y lo impuro.


No arrastres absolutos a la aguja,

cercando tu razón con alambradas,

ni huyas la ocasión de ser granuja.


Estima los favores de las hadas,

narrándote en la bola de una bruja,

y vuelve cada noche a las andadas.

sábado, 21 de junio de 2008

Escaramuzas vitales.



Tinta de rayos, la tarde se acompaña

por los campos de Marte y Proserpina.

El fragor del combate se adivina

y la hora final se muestra extraña.


Un aullido feroz, en forma huraña,

de la oscura y taimada carabina

se dispara en rayada anfetamina

y en un glauco pesar siembra cizaña.


Su silueta, tramada en impostura,

representa sin más implicaciones:

el valor de los cubos de basura.


Es el signo del ser, que a trompicones,

se alimenta en el duelo sin usura

y no encuentra en el reto soluciones.

miércoles, 18 de junio de 2008

La Serrana de la Vera.

Hoy es mi cumpleaños, por si queréis felicitarme; se aceptan regalos y piropos varios.



Dentro del reloj

vide a la serrana

No fue de mañana

Ni en caja de boj

Ni sobre la troj

Bajo los tejados

Sus dedos marcados

En el vaso corto

Cerveza y oporto

Y malta, importados.


No lleva escopeta,

tatuada la espalda,

sí una minifalda

en su carne prieta,

Sabe una receta

que enturbia la vista

de un rojo optimista.

De la Extremadura

trajo su frescura

y un son de corista.


Nadie se equivoque,

su negra mirada,

si la muestra helada

metálica un toque,

haz en ti un enroque

y calcula el trance

haciendo balance

del siguiente paso.

Verás el fracaso

si fallas el lance.

viernes, 13 de junio de 2008

Nigromancias

Quise por ciertas cuestiones

venderle mi alma al Diablo.

Me disipé en escaleras

descendiendo sus peldaños.

Hice conjuros diversos

de grimorios reputados.

Consulté a un espiritista

y me amigué de los malos.

Evoqué fuerzas astrales

y me estrellé como mago.

Dispuesto estaba a hacer trueque

firmando el eterno pacto.

Ollas de Pedro Botero

ya podéis irme esperando.

Es demasiado el esfuerzo

un hercúleo trabajo,

enredar miles de causas,

lo que he dicho, todo un caos.

Recoger en luna nueva

de la caja de un finado

por mano de la justicia

los cuatro herrumbrosos clavos.

¿Y donde se encuentra eso?

en Europa no hay cadalsos,

lo único que nos queda

es un triste hipermercado,

aunque pensándolo bien

vienen muchos condenados.

Esa amigo es otra historia

más dura que este teatro.

Sigo yo con Belcebú

y su arreglo malhadado,

la de vueltas que hay que dar

para el infernal contrato.

El arreglo es como sigue,

siempre según lo acordado,

diabólicas posesiones

y cuernos de cabra macho,

alas de mosca en conserva,

sangre cocida de un sapo,

otras guarrerías más

vienen al pelo y al caso.

También hay que disponer

de la cabeza de un gato

que solo se alimentara

de la carne de un humano.

Un círculo se dibuja

y se le inscribe un triángulo,

con unas rayas de más,

ya tenemos el pentáculo.

Hay que vestirse de negro

y hacer de la capa un sayo

gritando mil tonterías,

eso sí, con gran boato.

Al final, del de la lumbre

no se ha de encontrar ni rastro,

mas ahora que lo pienso:

amor ni poder reclamo,

ni dinero o latifundios,

ni aspiro a nada, si acaso

a ser feliz cuatro días

que con eso ya me basto.

No hago pactos con demonios

ni vale mi alma un ochavo.

jueves, 5 de junio de 2008

Uno de tantos.


Lo consideraban un loco insensato.

Tenía cien nombres sin usar ninguno.

Era algo miope a lo inoportuno.

Te decía al paso: “cara de boniato”.

Vivía en un bajo de Prosperidad.

Calzaba zapatos del contenedor.

Usaba chalina como un gran señor.

Era – no tenía- pobreza y bondad.

Estuvo en el Ebro, rojo y anarquista.

Su saludo al Sol y a las Barricadas.

Sostenía digno todas las miradas.

No fue más que un hombre que rodó en la pista.

Le hablaba a la Luna a las tres y cuarto.

Las negras tormentas nunca lo vencieron.

Prisión e injusticia no lo detuvieron.

Se fue como vino, mas, del Mundo harto.