Dalí.


Tensada la cuerda para un huevo frito
y el espacio abierto sin más que atropellos
de amarillas calvas en rubios cabellos
por nada que pongo por nada que quito.
En un paraíso de apretados cuellos
para los que inician de experimentales
del fuego a la sopa de sus lagrimales
y algunos bolsillos que comen de ellos.
En la geometría de rojos mentales
donde quedan huecos de memorias trinas
y aquellas locuras que siendo divinas

eximen al genio de causas mortales.

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