domingo, 30 de diciembre de 2007

Décimas antiguas.

Teniendo fe se es más fuerte;

nada acompleja en la vida

aunque se sepa perdida

que todos llega la suerte

de la hora de la muerte.

Nada importan los caudales

ni si uno vistió retales

sino lo que hizo y dijo;

se nos ha de juzgar, fijo,

por nuestras obras mortales.


Hasta el día de morirnos

mucho hemos de aprender;

no te lo quieras perder

que hasta el momento de irnos

al mundo habremos de abrirnos

y ganarnos el sustento;

adquirir conocimiento

y la verdad perseguir,

ya nos tocará partir;

vivamos con gran contento.


Perderán tiempo y compás

a quienes pueda la ira

o su hipócrita mentira

tirando siempre hacia atrás;

¿es así, tú me dirás?

Si acaso un mal se desea

al prójimo, lo que sea,

en ti propio se refleja

y es enfermedad que deja

dolor, y además marea.


La propia casa en amor,

un corazón verdadero

y un sentimiento sincero

vencen a cualquier dolor,

viéndose de otro color

los problemas y los males

si verdes son los cristales

y mutua la confianza

cuando el fiel de la balanza

tiene sus brazos iguales.


Se salva en la carretera

quien anda en la encrucijada;

aquel que en la madrugada

comienza nueva carrera

sabiendo lo que le espera.

Quien acaba lo que empieza;

se levanta si tropieza,

con buen ánimo, optimista,

ejerce de instrumentista

tañendo con fe su pieza.

Un girar de remolino,

que nos dejara asombrados,

entrando por todos lados

en las aspas del molino

y en el rodar del camino.

Cada cual según su queja

que en buena ley se nos deja

dar por cierta la opinión

del humilde peatón

y aceptar la moraleja.


No sufrirá igual dolor

quien a la lucha se apresta

que aquel que esconde la testa

y, sin frío ni calor,

se evade de su labor.

El bien o el mal que se alcanza

cuando al combate se lanza

cada persona, en su vida,

suele tener la medida

de un sueño sin esperanza.


Por ser de un dolor transido

pasado como ciruela;

aquí quien no corre vuela

para escapar con lo habido

por mal arte conseguido.


El más tonto hace un reloj

con la madera de un boj

y hasta suena; la trapaza

del tramposo que, en su baza,

llena de engaños su troj.

Si tú sigues con la trova,

trastrabado, trovaré;

tribuna en trovos seré

con atributos de escoba;

seguiré dándole coba,

atribuyéndole, al trovo:

trampas y cepos de lobo,

trancos y pasos de invierno,

tronos y tronas, gobierno,

trastabillo; ¿seré bobo?


Por viajes o por turnos

se representan comedias,

pantomimas y tragedias,

la luz del sol en diurnos,

la luna llena en nocturnos.

Como al juego de la oca

yo tiro porque me toca

y después paso la bola.

Entre la verdad, mi trola,

ahora mucha, luego poca.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Sueños, ilusiones y engaños.

Un sueño, desengaño de ilusiones,

quimérico reducto del ocaso,

bramido enmascarado de payaso,

descarte alucinado en mis ficciones.


Un sueño perseguido en proporciones

simétricas que encuentro en cada vaso,

amargo de placer, de vino escaso,

delirio incongruente de emociones.


Un sueño que he fingido en lo imposible

y oculto en una niebla subjetiva;

mi propia desvergüenza incorregible.


Un sueño me sorprende y me deriva,

en un globo de helio, dirigible,

hacia una realidad introspectiva.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Utópica urbanidad.

He sido una unidad en la mixtura,

metálica emulsión cosmopolita,

de un mundo que una raza habita:

Utópica y plural flor de locura.


Da forma a la razón sin impostura.

Acierta, aun derrotada, si palpita

la llama de su apuesta pues crepita;

disolviéndose en el humo su armadura.


He transferido su paz a mis lugares

ajustando la cuenta al resultado:

compraventa de amor en lupanares.


Creaciones de un genio realquilado,

en el verbo aprensivo, sin altares

de algodón o alabastro cincelado.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Pausas y licencias.

Tomé el vino de tus labios rojos

en la espléndida tarde incombustible,

bajo el sol aterido del invierno

con un beso fugaz, vibrante y triste.


Enredé en los espacios y las sombras

entre abrazos de arena y tus mohines;

presencié, azabache, mi aislamiento

de este antiguo pesar que se repite.


Derroté en mis trastornos la manía,

acertada a vencer por lo terrible.

Disfruté en una pausa malograda

tu altanero rubor que hoy me persigue .


Sometí mi razón a tus caprichos

cotidianos y espesos, siendo firme,

solo encuentro aparejos destrozados

y un paisaje lunar: mis cicatrices.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Un caso para un detective.

Silbaba el matemático

romances de Arlequín

y el viejo catedrático

peinaba un peluquín,

el caso es muy dramático

dijera el inspector:

no me parece estético

que a un pobre profesor

con cianuro sintético

le causen tal dolor.

Argumento mayúsculo,

resultan sospechosos

personajes de músculo

y algunos poderosos.

No habrá un lío minúsculo.

-Pregúnteme caballero

que yo le responderé

mando aquí soy el primero.

Por la posición se ve

que esto ha sido un accidente.

¿Y qué quiere que le diga?

pasan aunque no es corriente.

Que el trabajo tiene miga

y se le ha de hincar el diente.

-Señor yo no he preguntado

-Otra vez se adelantó

-Este bobo la ha pifiado

-El pastel se descubrió.

-Detendré esta vez mi enfado.

La investigación es mía

mientras aclaro el asunto

que yo soy el policía

y usted puede ser presunto

autor, hoy ya no es su día.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Intentos fallidos, la risa.

El trueno es bramido que escapa a la risa

de Zeus tonante, el viejo rijoso,

gruñido de fiera o abrazo de oso;

la llave que guarda el vino de misa.


"Me troncho, me parto, soy el más chistoso":

dijo un humorista ayer por la tele,

yo lo estaba viendo y me dio un telele,

este tío tiene la gracia en el foso.


A mi me hace chiste si veo un pelele

de trapo o de hule pero con sombrero

y camisa roja, se me ve el plumero,

me gusta la rubia con el ukelele.


Yo muero de risa cuando en mi agujero,

covacha o taberna, apurando un vaso

de dulce embriaguez cuento cada caso

que siendo poeta soy un embustero.

Disparates de juntaversos.

¿Queréis que recite yo?

¿Y si no se declamar?

¿No me iréis a regañar

si no me sale la voz?


Poetas que viajáis entre las nubes

al son de liras y otros instrumentos

cuidad que en cada curva de los vientos

están poniendo multas los querubes.


La cuenta de los puntos no la subes

si pierdes el control de los momentos

y a ver con que funestos argumentos

te enfrentas al señor de los murubes.


¿Y que tendrán que ver los toros bravos

en esta circular de los aedos?

será por no tener quietos los dedos.

Pues ya que se quemó ayer el Parnaso

dejo mis patochadas y a este paso

sacaré mi martillo y a otros clavos.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Antecedentes.

Compongo en cada amor una tragedia

escénica y locuaz desde mi estado;

al cabo ¿qué es vivir equivocado?

un acto en la mitad de la comedia.

Siquiera la palabra lo remedia

brotando, y me sorprende fatigado;

tampoco me entristezco ni me enfado

es sólo esta apatía que me asedia.

Si no me quedan sueños ¿qué me espera?

errar y someterme a los anhelos

de un vano argumental que me supera.

Atento a la evasión de mis recelos

proyecto la congoja a mi manera

y acabo de una vez con los desvelos.

Catarsis, entre la luz y la oscuridad.

Alma que caminas por forzadas sendas

¿sabes por qué ríen las viejas gaviotas?

¿cómo vive un ave con las alas rotas?

¿Gastas las palabras, deshilachas vendas?

Disputas, fracasas, trituras contiendas.

Cantas tu victoria en frases remotas

cuando se percibe ventura en tus notas.

Llegado el momento, es hora que aprendas.

Alcanzas la altura y vuelta al enredo,

traspasas errores que a un tiempo te indultan

transitando estrofas que escapan del miedo.

Tus juegos traviesos al orgullo insultan;

son tus mecanismos enlace al remedo,

puntadas que al juicio cadenas resultan.

Ocasiones y patrañas.

Tuviste la ocasión cara de almíbar

y ahora te lamentas de tu suerte.

Un gris desilusión te ata las manos

con nudos intrincados que entristecen

las tardes del otoño de tus huesos.

Inútil sensación para que sueñes

y olvides las palabras silenciadas

que quieres vomitar pero no puedes.

Alternas el dolor a rebanadas

de amargas confituras subconscientes,

zozobras que te asaltan y murmuran

probables secesiones en relieve

de un íntimo y osado desamparo

que a tientas incompletas te mantiene.

Podrás saltar por firmes pavimentos,

y andar por el portal y las paredes,

angostas de tus hipos y temores,

suplentes de estreñidos alquileres,

mas no saldrás de anclados soliloquios

por medio de una fuga inconveniente.

Subsistes sin que esperes nada a cambio

en cárdenas fracturas de pinceles

quebrándote y mermando en cada línea

sumido en el silencio permaneces.

Aceptas que un pretérito te absuelva

dispuesto a repararte y convencerte

del único acomodo que al engaño

resulta en un adverso continente

y ríes y estupendo te disfrazas

resuelto a entorpecer el cerco breve

que a golpes circunscritos en tu pecho

confunden la razón y la aborrecen.

Ahora que las anchas apetencias

resultan empedrados congruentes,

insólitos desaires, que conducen

sin falta posesiva y no aparece

resuelta en el enigma, se persuaden

y ordenan la incoherencia en tus sainetes.

Dirás que es pretencioso el contrapunto

que apura mis palabras y te hiere;

mejor será que siga mi camino

y muerda el comentario entre mis dientes.

viernes, 7 de diciembre de 2007

La sonrisa del escorpión.

El gesto proclive a liar pitillos

en papel de estraza y otros consumibles.

La mueca perfecta sobre las escuetas e insomnes palabras;

su mímica suave es la ingrata forma de un rostro olvidado.

El círculo estrecha un galán de fuego por cada sonrisa

de metal molido y agujas de pino y alambre de cobre y veneno.

La caricatura de una ceremonia, fatal, repetida a través del ansia

que expresa, insensata, la opaca parodia de un negro capricho

al que nada escapa cuando está agitado su interés avaro.

La trama se cierra y el entretejido trapo de colores

encubre intenciones de aventar cadenas de hierro y escombro.

La llama envolvente apura el espanto, y el pánico agota,

y el dolor perturba todo el desaliento de sus pesadillas.

El orgullo impulsa a romper los frenos que el término impiden;

un mal alimenta dispuesto a estrujarse en tercas disputas.

¿Y si todo es falso? ¿si la nada es todo? ¿si algo descompones?

¿si aquello que duele sólo es una parte que se desvincula

de un único estilo? No olvido la risa que anida en la espada,

ni en los labios verdes de un cálido frío.

Lo perdido.

No lo hallé en el despacho de objetos perdidos.

lo anduve buscando por bares, tabernas y aun oficinas,

pregunté en locales de alterne tras rojas cortinas

de desliz y fiebre y pudores huidos.


Perdí, ya lo sabes, mis cinco sentidos,

el último pétalo de una margarita y las doce espinas,

la llave maestra de cien cerraduras, todas vespertinas,

disipé el silencio de una madrugada en rientes ruidos.


Licencié su imagen para no ubicarme en falsas jactancias,

sigo y no abandono, y exploro otras voces, y otros recovecos con luz o a la sombra,

indago y rastreo los bucles del nervio con la inteligencia, sin extravagancias.


Persigo mi instinto de animal salvaje silbando al espectro que a solas me nombra.

No ceja mi aliento en ligar principios: las piezas de un puzzle trivial, sin sustancias.

Pertinaz insisto y hago malabares con llamas de hielo,

así que estoy vivo, y nada me asombra.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Lo hallado.

¿Me sirve razonar? sino apetece,

en este páramo de oscuras reflexiones,

me basta equivocarme otras tres veces

sin esperar a cambio una palabra,

me basta una sonrisa sin traiciones.

Un rescoldo de lágrimas y llamas

que a un humo gris permanente y cálido

pertenezcan sin despropósitos ni enjuagues.

Soy loco sí y en mi absoluta locura

disparo sin cesar mis desventuras.

Envido a la torpeza más ingrata

que en la abstracta memoria me retrata.

Emérito verdugo de mí mismo

sin nada que ofrecer entre los labios;

tan sólo un pedregal y un espejismo

iluso que se agranda en los resabios.

Un tornillo sin fin en eje excéntrico.

Histrión que se debate en la dialéctica

de no esperar y andar siempre al acecho,

en fin un mínimo rastrojo en el barbecho,

una bacteria mortal en fosa séptica.

Incontinencias verbales.

No busco nada ni lo encuentro a mi alrededor; dejé de estar seguro de las espesas sensaciones; idólatra regurgitado del estómago de alguna invencible criatura alada y deforme. >Insensatamente convencido en las tragicómicas notas de una representación mitológica y grave, repetida y asfixiante en los recovecos de mi industriosa y replicante conmiseración. Y jamás lo convenido se recogió en las fraguas de mi remedio ni supe ni quise, ni sabré contenerme, ni enfrentarme a mis miedos estúpidos y sin sentido. Rebelde en el argumento de una ficción y de una realidad que nunca pude comprender en el latido de mis estentóreas razones, muñeco de una ilusión estrepitosa y baladí. Figura inmóvil en el teatro de los espantajos desestimados por mediocres y replicantes clones sin audacia. Terco como la sed del naufrago en medio de una mar de sal y desatino. Testarudo e incongruente en el látigo de los sarcasmos y la incomprensión. Desamado y desarmado ante los asteriscos y las señales fluorescentes de las vías comarcales en las ciudades de estropajo y amianto. Deglutido por miles de ruedas y engranajes que me traicionan en la parte más indeterminada y desdibujada de mi anatomía lírica.

Idiota sin contento en la idiomática falsedad de lo apetecido, desengañado en el sarcasmo de unos ojos timadores. Inconsecuente y programado ordenador sin circuitos comprensibles, jeroglífico sin descifrar en la aridez de lo que ya no estremece. Inconsecuente y desvaído autor de inmediatos esperpentos sin rumbo ni pesadumbres indirectas. Y sin dudarlo un loco dispuesto a saltar sin red al abismo más brutal que me devore y poco dado a colchones de plumas y bálsamos reparadores..