Me envuelve un sendero de versos fugaces
donde la palabra el barbecho rotura
sin otro aspaviento que algo de premura
y un qué de paciencia y sabores agraces
manejan el verbo con cierta soltura.

Ni por qués ni comos que hallen experiencia
e impresa   la frase en constante elegancia
aun sin mucho acierto y a cierta distancia
tratando al idioma siempre de excelencia
fijo en el lenguaje y en su militancia.

Absuelto en la duda de la ortografía
sin que se puntúe el lugar exacto
por si del balance se pide un extracto
de todo el extenso de su medianía
sin más concesiones al segundo acto.

Recupero instantes que no se repiten
mas no me los quedo por que no me aceptan
cuando en sus pronombres los adverbios reptan
y los participios pasivos se emiten
cifrando mensajes que no se interceptan.

La curiosa tierra grávida y solana
que un olivo viejo brindó en desarraigo
y por sus terrones dos versos te traigo
para que los tengas contigo mañana
sé que no te gustan, ahora que caigo.

El barbecho de una plantación de olivos en Encinarejo de Córdoba. 



Comentarios

Amparo ha dicho que…
Me gustan estas últimas fotos tuyas. El barbecho es una promesa fructífera, siempre.
Que tengas mucha suerte este nuevo año.
Un abrazo

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