Piedras de un camino
que hay que recorrer
porque al parecer
es tal el destino
y el ser peregrino
es la cualidad
de la humanidad
esta realidad
según considero
para lo que quiero
debe ser verdad.

Arduo soy y austero
como un eremita
que no necesita
sino ser romero
peón caminero
de aquí para allá
quien viene y quien va
abiertos los ojos
y en verdes y rojos
de arenas se da.

La nada que importa
en la gris caliza
cuando se eterniza
y aun se queda corta
se sorprende absorta
en sus discusiones
que sin ambiciones
borra trascendencias
y alerta emergencias
sin vacilaciones.

Conocí a las gentes
dentro de sus casas
fuera de las masas
y de las corrientes
bebí de sus fuentes
café en sus hogares
navegué sus mares
compartí su pan
sin ser de su clan
si fui de sus pares.

Sé que la semilla
del deseo brota
cuando se halla rota
y se siente astilla
 porción de  costilla
puchero de barro
presencia en el tarro
de todo vacío
el polvo tardío
que a poco no barro .

Es lo que no sabes
y yo nunca aprendo
porque nada entiendo
ni encuentro las naves
ni en mi cama cabes
porque aunque es muy ancha
tú ni me das cancha
ni yo te la pido
será que me olvido
que todo me mancha.

No encuentro un final
que haga de remate
y deje en empate
el duelo trivial
que no soy rival
para tu intelecto
soy el insurrecto
que a contracorriente
piensa diferente
en modo imperfecto.

Empecé en la roca
que pulsó mi paso
y discurro el caso
por lo que me toca
en juegos de oca
sin turnos ni saltos
entre sobresaltos
de localidades
sin banalidades
y algunos asaltos.

El fragmento del camino pertenece al que rodea el pueblo medieval de Cañete en Cuenca.





Comentarios

Miquel ha dicho que…
las piedras ¡¡¡¡ ahh las piedras ¡¡¡
MarianGardi ha dicho que…
Me gusta el contenido y el ritmo trepidante que va cabalgando en el poema.
Un abrazo Enrique y Felices Fiestas

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