Agora rasa.

La plaza de empedrado y soportales
esconde nuestra rosa de los vientos
cansada de los pasos cenicientos
que damos cada día y sus iguales.


La prisa en los sujetos ordinales
acaba en abultados fingimientos
que abusan de unos métodos violentos
impropios de inhumanos materiales.

El huso del silencio en carne viva
sin horas en el tedio de la siesta
ni un tímido indolente que te escriba.

El resto es la resaca de una fiesta
en clara propiedad constitutiva
de todas tus preguntas sin respuesta.





















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