Una historia clásica.

En la Ítaca perdida
que tú y yo nunca tuvimos
tantos sueños perseguimos
que se nos quebró la vida.
Embarcados sin salida
derivamos sin pensar
que habría que naufragar
y en pago de un alto precio
sin quererlo fui un necio
que quiso y no supo amar.


Y no esperes que te olvide
ni que deje esto de lado
si no tu amor de tu enfado
migajas de pobre pide
este llanto que me impide
ver más alla de tu boca
y por eso te provoca
mi nostalgia tu dureza
-coraza de mi blandeza-
que es de cristal pero roca.

Y así viajero del humo
en una falsa esperanza
voy de la farsa a la danza
al tiempo que me consumo
entre agua triste y grumo
de ritos en babilonia
gris de inutil ceremonia
de cesante entre tus abrazos
y sin que rompa tus lazos
de ática y lacedemonia

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