Camino por mis casillas
desde el principio hasta el fin
al toque del cornetín
de sueños y pesadillas.
Al avanzar de puntillas
por la corriente me dejo

llevar y en el puente dejo
sin las llaves mi candado,
de alante atrás por lo andado
ni me acerco ni me alejo.

Entre cárcel y posada
el sendero es quien nos guía
y si el ánimo se enfría
la ficha queda estancada.
Hilos de plata que en nada
te someten a prejuicios
y llevan a precipicios
donde almacenan sujetos
y se mantienen secretos
entre el común de los vicios.

Agitado el barrilete
al azar según costumbre
en probable incertidumbre
se desmonta el tenderete.
En el afilado ariete
que nos abre y cierra puertas
por las estrechas cubiertas
en esta carrera loca
que es el juego de la Oca
entre vigilias y alertas.

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