Postrado al pie de los muros

cantaba así un trovador
¿porqué me nombró el amor
en sus designios oscuros?
Si me me enredó en sus conjuros
ahora me niega sus besos.
Yo aquí calados los huesos
del hielo de sus pestañas,
piedra como esas montañas,
yerto de amores confesos.

En la torre do ella estaba
sólo silencio y quien sabe
si su pensamiento grave
entre acordes divagaba,
es siempre tan bella y brava
como esta fría pared
de escarcha que aun da más sed
cuanto más dentro te habita,
agua que se necesita
mas no otorga tal merced.

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