Los merovingios y el Sena,
la plaza de la Bastilla,
la dama de la toquilla,
el Versalles de la Nena,
Tolouse-Lautrec y su pena.
Carlomagno y Bonaparte

y sus valés y Monmartre,
Saint Denisse y saint Michel,
y mi sueño en un batel
que no va a ninguna parte.
 
 Fui al famoso museo
del Louvre que está en París
el día aquel era gris
y yo buscaba a la Mona
Lisa que es una persona
un primate superior
hembra sobre una pintura
de un tal Leonardo da Vinci
que allí tienen los franceses
pero no la pude ver
que a la hora que te pases
un millón de japoneses
te hacen retroceder
estos nipones son ases
del lleno hasta los cajones
mejor lo dejo y nos vamos
que te miren los nipones.
Muchas otras cosas vi
si no menuda la gracia
que Victoria Samotracia
friega la escalera allí.
Un mazo de cuadros viejos
colgaban de sus paredes
de Rembtandt y de Murillo
este sevillano pillo
al lado del holandés
un bodegón de conejos
con otra de sus mercedes
tienen en común los tres.
Luego que de allá saliera
con un síndrome muy raro
con nombre de novelista
tomé airé y dije pista
ahora en el Sena me paro
para mirar los batós
y me paso por los puestos
de los libros anticuallas
y me llego hasta san Luis
y su mercado de flores
ya me he perdido señores
miraré otra vez el mapa
llueve y la lluvia me empapa
y no sé si me seguís.
Vuelvo al comienzo y en él
me doy un rulo en zapatos
y después de algunos ratos
estoy en la torre Eiffel.
Si esperáis algo concreto...
mis andanzas peregrinas
por las rúes parisinas
son los pasos de un cateto.
 
 En la ciudad de la luz
os contaré lo que vi
pa que se me entienda poco
chamullado en romaní.
Garlan raro y sin las erres
con lo que nada entendí,
al salir del aeropuerto
me llevó un taxista tuerto
al hotel y yo le dí
sesenta euros del ala
y le dije toma ¡hala!
si lo se no vengo aquí.

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