Una agradable visita
vino a libar del madroño
al último sol del otoño,
diciembre de mañanita.
El calor que necesita
para desplegar sus alas

negras, naranjas, sus galas
de un estío con retraso,
esplendorosa al ocaso
de la vida en sus escalas.

¿Dónde el rumbo que en tu vuelo
hizo descanso mi casa?
¿Si te cuento que me pasa
serás para mí consuelo?
Ay, Mariposa de hielo
¿Si te pidiera un favor?
Prestame tú ese color
de maravilla obstinada
que desafía la helada
con fe de libertador.

En tu belleza y bravura
de silenciosa batalla
toda la vida detalla
del blancor a la negrura
que sólo tú criatura
das principio a todo fin
en este abismo de hollín
tú sin más fuíste poesía.
La esperanza en este día
que llegaste a mi jardín.

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