El Sabor de la Tierruca.








El prólogo a esta novela lo escribió Benito Pérez Galdós, en las antípodas ideológicas de Pereda, pero tan cercano en el sentimiento y en la profunda amistad. Demostrando con ello, uno y otro, que no nos separan a las personas las distintas formas de pensar si no que a pesar de ello podemos estar unidos cuando la tolerancia, el respeto mutuo y la admiración nos reivindican como seres humanos.

No somos ni la encina ni el helecho,
tampoco del nogal ni la cajiga,
ni el haya ni el acebo y somos viga
que armada a cielo raso funde el pecho.

No somos del baldío ni el barbecho,
apenas el salterio en la cantiga
  tansomos sólo pan, corteza y miga,
y acaso cobertor de un viejo lecho.

¿Qué somos sin saber que necesitan
aquellos que nos tratan y nos quieren?
Las flores de un jarrón que se marchitan.

Las ramas de un paisaje donde mueren
sonidos y esperanzas que se gritan:
Las ganas de vivir que a veces hieren.

A ti mi estimada y lejana Trasto.

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