Salterio, chifla y rabel,
en el mundo medieval
la pátina musical
para el baile en el vergel.
Sonarán bajo un laurel
al compás del serpentín
dibujando un figurín
en abstracta indiscreción
que el aire de mi canción
vale menos que un chelín.

Quien lo quiera bailará
yo se lo dedicaré
que aunque cantar yo no sé
alguien me lo escuchará.
La alegría viene y va
y se ha quedado por ti
que cuando vienes a mí
tu vestido hace frufrú
eres dulce de alajú...
Si me dijeras que sí.

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