La noche nos hirió sin alboroto
sin culpa y sin románticos espejos
la luna nos miraba sin complejos
a flote como extraña flor de loto.
Anoche nada fuimos, río ignoto
y trazos en un lienzo, disparejos
en plomo y apetencia de aparejos
y acaso talismán vencido y roto.
No en mármol si no en piedra que rodase
quisimos ser eterno desatino
y solo fuimos rosa, viento y vino,
efímero que el alba disipase,
siguiendo cada cual nuestro camino
que no se viera un rayo que parase.

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