Quedan el tiempo y azar
en palabras conjugadas
en bazas equivocadas
que no supimos jugar.
Pero no quieras llorar:
No fue tu apuesta el amor
ni las ganas ni el ardor
que fue un envido a la suerte
y en tanto llegué a quererte...
Que tú me hiciste el favor.

Y no quiero que me quieras,
nunca ama la razón
ni se estrena la pasión
salvo en ilusas quimeras.
Las dudas son pasajeras
que se empeñan y me habitan
tanto porque necesitan
asomarse al triste abismo
que es siempre lo que uno mismo
y sus querencias imitan.

Será pura vanidad,
congoja de libertino
que por pensarse divino
siempre ocultó la verdad.
Suenas a hueca humildad
cuando ya el reloj no fía
y en los dados la agonía
no da crédito y el juego
es un ardid de tu ego
que te niega cada día.

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