Sumeria. Verso casi libre.


Te forjaste sedentaria, observadora,
escriba del barro, en penitencia
tus signos trastornados serían por los dioses
que erguidos en venganza dieron muerte
al príncipe sublime al más amado
amigo, a Eriduk fiel y valiente contrincante,
del soberbio Gilgamehs guerrero altivo,
aquel de gran virtud y excelsa espada,
congénito de diosa germinado,
rastreador de una vida inmarcesible
nacida de los surcos que a los hombres
ofrecen del sudor pan y granero
que brota de la tierra y es codicia
de aquellos envidiosos, hijos de la serpiente,
amargos y sedientos, que no alcanzan del éter
favores generosos y en rencores se abrasan
y apetecen tus dones y borrarte
con fuego de un infierno ávido de ruinas
y discordias que engendren nuevas lenguas
que engañen en el futuro y den tormento
a las generaciones venideras.
La hoguera se prendió; y en el incendio
quedaste para siempre indestructible,
la lumbre del martirio que fue tumba
hoy deja tu recuerdo inexorable:
Exacto testimonio de ti misma.
Enrique Sabaté.
La imagen es la de Gilgamesh.

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