Eloísa y Abelardo.



Eloísa y Abelardo. 
Testigo fue el rosal del sufrimiento,
hoy lo es la piedra blanca y mortecina,
la reja y el portón y los tejados,
los cuervos de París y los turistas,
notario el corazón del camposanto,
el peso de los siglos su demora
en cartas que declaman sus ardores,
su duelo y la emoción de lo vivido
y el mal de la añoranza por funesto
que quiere conocer y ser quejoso
y darse a los amantes que se estrenan,
en la calamidad son otros tiempos,
la muerte está presente en los destinos
de aquellos que al amar no son valientes
y olvidan el rigor de un mundo infame
que impone con su envidia la ignorancia
y todo lo que toca lo corrompe
¿Mas que puede esperar si en el pecado
está la penitencia que se hermana
en luto y en pasión de eternidades?
Enrique Sabaté.

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